• Joanne Rodríguez Veve

Pro mujer Sí, feminista de género No

Actualizado: mar 22


En ocasión del Día Internacional de la Mujer, si bien creo importante reconocer a la mujeres valientes y arrojadas que movidas por el principio de justicia reclamaron, y aún reclaman, participación en la vida social junto con los hombres, en condiciones de igualdad ante la ley y ante las oportunidades de desarrollo académico, profesional y personal, también creo importante poner en perspectiva el contrasentido del movimiento feminista actual dominante, catalogado como feminismo de género.


Lamentablemente, el feminismo del siglo XIX, que era un movimiento centrado en las reivindicaciones justas de los derechos de la mujer, se fue difuminando hasta quedar

desterrado por un movimiento que, a través del discurso, es decir, de la construcción del lenguaje, aspira a emancipar artificialmente a la mujer de su sexo biológico. De esta manera, el feminismo de género, anclado en la máxima de una de sus figuras icónicas, la francesa Simone de Beauvoir, plantea que nadie nace mujer y que cualquiera puede llegar a serlo. Porque, a fin de cuentas, según esta corriente del feminismo, lo que determina ser mujer es la autodefinición de cada cual.


De esta forma, el feminismo de género, como movimiento posmodernista, deconstruye la identidad objetiva de la mujer y construye identidades subjetivas ancladas solamente en el imaginario donde todo es posible y donde realmente nadie es nada.


Este es el resultado ideológico de un movimiento que viendo frustrado el objetivo de igualar los sexos -cosa que no es posible en tanto los sexos son por naturaleza objetivamente distintos y complementarios- decidió negar, forzosamente, la propia condición humana y, por lo tanto, la propia biología femenina.


Y así, en la consecución de esta ambición igualitarista, el feminismo de género no solo se obstina en negar la biología femenina como determinante del ser mujer, sino que, además, junto a esa negación inculca un desprecio particular al rol de esposa y de madre, como si la complementariedad sexual de los sexos y la maternidad fueran un yugo del cual tuviéramos que librarnos. De aquí que, no pocas veces, atestiguamos el desprecio, por ejemplo, a la elección personal de las mujeres que deciden quedarse en casa a criar a sus hijos. Diría, que estas son las mujeres que hoy día son principalmente estigmatizadas y juzgadas por un feminismo que irónicamente desprecia nuestra propia condición de gestoras de vida, condición de la cual busca deshacerse -inútilmente- como parte de una alegada conquista de liberación del patriarcado.

Y como si despreciar la maternidad no fuera poco, ahora también somos testigos de cómo el feminismo de género pretende que le cedamos nuestros hijos al Estado para que los eduquen a su antojo y en contra de los principios y convicciones de los padres. Esto es lo que, precisamente, se pretende en parte con los proyectos del Senado 184 y 185. Compañeros, no hay duda de que esto es lo que anhelaría cualquier régimen totalitario. La conocida comunista soviética Alexandra Mikhailovna lo dijo claramente: "La Patria comunista alimentará, criará y educará al niño".


Me pregunto, pues, ¿qué mujer, qué madre lo permitiría? Estoy segura de que este no es el caso de la mayoría de las madres puertorriqueñas que estamos listas para defender, aun en contra de la corriente, el derecho a la vida, la salud y la educación de nuestros hijos. En el Día Internacional de la Mujer, le digo a todas las mujeres que son madres: ¡por nuestros hijos, cuenten conmigo!

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